sábado, 15 de diciembre de 2012

Diez lecciones que podemos aprender de nuestros mayores



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  1. Di “sí” a las oportunidades. Al final de la vida, la mayor parte de nuestros arrepentimientos tienen más que ver con lo que no hemos hecho que con lo que sí hemos hecho. Paradójicamente, los más felices eran aquellos que habían tomado decisiones más complicadas.
  2. No trabajes con el único objetivo de enriquecerte. Una de las diferencias más significativas entre las generaciones nacidas en la primera mitad del siglo pasado y las más jóvenes es que ninguno de los primeros eligió su carrera con el objetivo de amasar una gran fortuna a costa de la realización personal.
  3. Para que una relación funcione, hay que compartir los mismos objetivos. Lo más importante para la pervivencia de la relación es compartir las mismas metas.
  4. No desaproveches los malos trabajos. En ocasiones, nos encontraremos en una situación laboral que probablemente no sea la que esperábamos. En lugar de desesperarnos y calentar la silla de la oficina hasta que consigamos algo mejor, es preferible afrontar con buena cara la situación y, sin engañarnos a nosotros mismos pensando que es un empleo maravilloso cuando no lo es, intentar aprender algo de la experiencia. Los grandes triunfadores en la vida son aquellos que son capaces de extraer sabiduría de cada actividad que desempeñan a lo largo de su existencia, aunque esta no sea positiva a priori.
  5. La educación de tus hijos depende del tiempo que les dediques. Los críos no se educan solos, por mucho que en ocasiones sea más sencillo buscarles el mayor número de actividades extraescolares posibles para no tener que preocuparnos con ellos. Sin embargo, los hijos mejor educados son aquellos a los que sus padres han dedicado más tiempo, coinciden los ancianos. Los consultados recuerdan que tan importante es pasar el llamado “tiempo de calidad” juntos (es decir, fines de semana, viajes o fechas señaladas) como convivir diariamente y poder charlar todos los días.
  6. Viaja más. Quizá no todos tengamos la misma disponibilidad de tiempo y de dinero para poder abandonar nuestro hogar a menudo, pero todos los que han viajado en abundancia coinciden en que fue algo esencial para abrir sus miras y ver desde otro punto de vista su existencia cotidiana. Eran los mismos que decían que lo que mejor recuerdan de décadas pasadas fueron sus viajes, incluso aquellos que no duraron más de un fin de semana. Pillemer señala que “la recompensa de viajar es tan cuantiosa que los jóvenes deberían tenerlo como prioridad a la hora de gastar el dinero, muy por encima de otras cosas”.
  7. No luches contra el envejecimiento. Es un proceso irreversible que tarde o temprano nos termina llegando a todos, por lo que negarlo termina derivando en comportamientos patéticos, o incluso, dañinos. “No pierdas el tiempo lamentándote de ser mayor”, señalan los viejos expertos, que además, suelen señalar que la vejez no es tan mala como la pintan. Es más, muchos coinciden en que se trata de una de las etapas más felices de sus vidas y que no tiene sentido comportarse como un chaval para retrasarla lo máximo posible.
  8. No puedes controlar todo lo que te ocurre, pero sí eres responsable de tu actitud ante ello–El tiempo lo es todo. Tener siempre presente que nuestro tiempo en este mundo es limitado no tiene por qué llevarnos a la tristeza y la frustración, sino todo lo contrario: servir de acicate para aprovechar al máximo posible nuestro tiempo, sin agobios, que no producen más que el efecto contrario. Por ello, no debemos dejar para mañana nada que podamos hacer hoy, ni en el trabajo, ni en lo personal, ni en nuestro tiempo de ocio. La vida es demasiado corta para pasarla quejándonos o aburriéndonos.
  9. La felicidad es una elección, no una consecuencia. Los ancianos también comparten el sentido una de las frases más habituales de los libros de autoayuda, que es la de que la felicidad no debe ser el final del camino sino nuestro punto de partida. Un hombre de 75 años señala en la obra que “no puedes controlar todo lo que te ocurre, pero sí eres responsable de tu actitud y tus reacciones ante los acontecimientos”. En la misma línea, todos señalan que cada segundo que nos pasamos preocupándonos por algo es un segundo de vida que malgastamos.
  10. Cuando te hagas mayor, mantén contactos sociales. Uno de los grandes peligros del envejecimiento es la posibilidad de aislamiento al quedar al margen de la sociedad, algo favorecido por factores como diferentes problemas de salud, dificultades de movilidad o la jubilación. Así que no hay que perder nunca de vista a los amigos ni la familia, aprender continuamente cosas nuevas y, si es posible, conocer a gente de muy diferentes edades (por ejemplo, participando en diferentes cursos o actividades) y aceptar todas las invitaciones posibles a eventos sociales.

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